Hasta en el peor de los momentos, si miras bien, vas a encontrar un brillo de alegría.
Estés haciendo lo que estés haciendo, déjalo todo y cágate de risa.
¿No puedes?
Empieza:
- Agarra tus cachetes y súbelos con fuerza, hazte daño; incluso, aprieta fuerte. Ríete, eres un bruto y lo haces todo a lo bestia.
- Pon tus índices en las comisuras de tus labios y súbelas, mantenlas así un rato hasta que sientas que el resto de tu cuerpo te acompaña en ese ascenso. ¿Has visto? Has esbozado una sonrisa con todo tu cuerpo. ¿Una sonrisa falsa? No, una sonrisa inducida. Y qué más da, si siempre es inducida, como cuando la induce un chiste, algo gracioso, algo lindo que te pasa… Hasta que el siempre deja de ser siempre y de tanto insistir en el ejercicio sonriente comienzas a entrar en estado de sonrisa interior como estado del ser, empiezas a entrar en la felicidad incausada.
- Estás en este momento ocupado en algo sumamente serio e importante, entonces imagina que se cae una viga sobre tu cabeza y te mueres al instante. Bien, ya no podrás continuar tu actividad tan ‘seria’, ‘importante’ e ‘impostergable’, acabas de causar baja y habrás de postergarla para siempre. ¿Ves? No era ni tan seria ni tan importante; así que sigue haciendo eso, mantén tu cara seria y tu corbata ajustada si la situación lo impone pero revuélcate de risa por dentro ante la evidencia de lo ridículo que resultas tomándote tan pero tan en serio.
- Pues bien, ya tienes dos o tres ideas, invéntate tú más ejercicios para activar tu risa expansiva.
Estés haciendo lo que estés haciendo, déjalo todo y cágate de risa. Share on X
Así que, estés haciendo lo que estés haciendo, déjalo todo y cágate de risa.
Ríete.
Ríete ahora.
Ríete deprisa.
Ríete despacito.
Ríete de lo gracioso que resulta cambiar de ritmos en plena risa.
Ríete de que se te cayó el plato de sopa al suelo y se partió –si no te quemaste y no estás gritando y saltando a lo indio, carcajéate a lo bestia; si te quemaste y estás dando esos saltitos, mientras gritas, te mojas en agua fría y buscas el aloe vera, aprovecha para reírte doliente del accidente–.
Ríete de cuando no sabías de qué reírte.
Ríete de la vida.
Ríete de la muerte.
Ríete en silencio.
Ríete ahora escandalosamente.
Ríete acostado.
Ríete arrodillado.
Ríete de pie.
Ríete haciendo una postura ridícula con un pie apoyado sobre la mesa y una mano sobre el suelo mientras tu otra mano toca tu trasero y el otro pie intenta hacer de barra de equilibrio.
Ríete en posición de semi loto.
Ríete en posición de cuarto loto, ¿no sabes cuál es?, pues invéntala.
Ríete de tus títulos, diplomas y condecoraciones.
Ríete de tu esfuerzo.
Ríete de tu vagancia.
Ríete.
Imágenes: Erik Johansson - Ilusiones ópticas
Sacúdete las apariencias y contamina a la humanidad con alegría. Share on X
Pero eso sí, ríete de ti y de tus cosas.
No te rías de los demás.
Date cuenta de que tú también eres como los demás.
Y ríete ahora, ríete que son dos días, ¿para qué esperar más?
Ríete que es contagioso y sal a contagiar felicidad.
Ríete de todo lo malo y ríete de todo lo bueno.
Destruye con la risa la falsa solemnidad que rigidiza e inmoviliza la vida.
Sacúdete las apariencias y contamina a la humanidad con alegría.
Sácate la careta que te aprieta.
Arráncate la cara de culo.
Haz una pelota con tus emociones atrapadas y ponlas a botar hasta que desaparezcan por la ventana.
Canta fuerte y desafinadamente una canción que te inventes con las palabrotas más malsonantes que encuentres.
Piensa barbaridades socialmente reprobables e imagina que las realizas y ríete pícaramente.
Haz en tu fantasía todo lo que siempre has querido hacer en el más dadaísta y divertido de tus sueños y cágate muy mucho de la risa.
Haz todas las travesuras inofensivas que reprimiste de niño y méate de risa.
Vamos, te acompaño en esta aventura, vamos a reírnos, a transgredir con inocencia y a divertirnos…
Vamos, vamos, vamos… vamos a reírnos que, al fin y al cabo, apenas si son dos días.
Leandro Ojeda López
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